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Relato erótico: sexo anal

– ¿Te sorprende? – María se giró y le miró. Alaric sonrió al ver su cara.

– La verdad es que si. No te tenía por ese tipo de mujer fuerte e independiente.

– Soy muy fuerte e independiente.

– Ya lo veo – Lo dijo y la miró de arriba abajo.

– Estás como muy feliz Alaric…- Empezó a reírse a carcajada.

– Bueno es que… Te prometí que un día te follaría ese culo y hoy estamos solos – María tragó saliva. ¡Joder! Llevaba demasiado tiempo sin un buen polvo y él había dicho las palabras mágicas.

– No creo que a Bluma o a Ebba les haga gracia- se llevó un dedo a la boca y se tocó el labio inferior, María miró atentamente su movimiento.

– No veo como pudieran enterarse de esto – María abrió ligeramente la boca y él pudo ver como solo con pensarlo se estaba excitando y miró por un breve momento entre sus piernas – Seguro que ya estás mojada – María cerró la boca, se humedeció el labio y sin cortarse le dijo que si con la cabeza. Alaric sonrió de nuevo y le dijo que se acercara con un dedo. María dejó la taza de café que tenía entre las manos encima de la mesa y se acercó a él poco a poco. Cuando lo tuvo delante se paró y a pesar de estar ella de pie y él sentado aún tuvo que alzar la cabeza porque Alaric era muy muy alto – ¿Te acuerdas de mi polla? – Le preguntó mientras ponía ambas manos en sus caderas. María le dijo que si con la cabeza – Ya te dolió tenerla dentro de tu precioso coño, así que para que entre en tu pequeño y prieto culo – Cuando le dijo esto la agarró fuerte del culo y se lo apretó con las manos – tendremos que jugar primero – Ella dijo de nuevo que si con la cabeza. Estaba más que dispuesta. Sentía sus bragas empapadas. Y entonces Alaric le apartó las braguitas y la tocó. María cerró los ojos y él soltó un jadeo.

– Mírame María – Le introdujo un par de dedos que se colaron fácilmente de lo mojada que estaba. María le miró a los ojos – Gritarás de dolor pero no voy a parar porque aunque te duela te va a gustar – Su respiración empezó a agitarse, sentía que quería correrse ya.

– Necesito correrme Alaric – Él sonrió maliciosamente.

– Si te corres cerraras ese precioso culito. Y eso no lo queremos – Alaric se levantó y le dijo que tumbara su cuerpo en la mesa y abriera las piernas. Él le quitó las bragas lentamente. Se arrodilló tras ella y empezó a besarle los muslos poco a poco. María apoyó sus pechos en la mesa y Alaric le dijo que estuviera tranquila al sentirla tensa – te gustará, eres una chica fuerte e independiente.

Volvió a meter su mano dentro de ella para humedecerse un par de dedos y luego los movió hasta su culo. Ella al sentirlo cerró los ojos. Y le metió un dedo en el culo. Ella gimió y él le besó en la espalda. Lo movió dentro de ella y se retorció de placer.

– ¿Te gusta?

– Sí – Respondió entre jadeos. Sacó el dedo y entonces le metió dos de golpe. Sin pensarlo y ella gimió de nuevo. Alaric la tenía bien dura y con la otra mano de desabrochó el pantalón y empezó a masturbarse. María giró la cabeza y la miró. ¡Joder! ¡Que grande era! Sacó de nuevo los dedos de dentro de ella y volvió a meterlos en su vagina. Y volvió a empaparle el culo. María movió sus caderas en busca de placer. Estaba al borde del éxtasis. Necesitaba más. Y Alaric le introdujo tres dedos en el culo. María gritó. Esta vez le dolió un poco. Y Alaric los dejó quietos unos segundos dentro y luego los movió y abrió un poco los dedos para ensancharlo. María gritaba y él se masturbaba cada vez más deprisa. Estaba disfrutando mucho.

Volvió a sacarle los dedos de dentro y entonces le metió la polla en la vagina y María grito del gusto. Alaric la dejó quieta.

– No voy a follarte María, estás demasiado cachonda y yo también – Dijo entre jadeos – No quiero correrme aquí, primero quiero follarte tu culo, como te prometí. – María hizo un círculo con sus caderas para darse placer y Alaric le dio una cachetada para castigarla- No te muevas.

Respiró hondo, la sacó y colocó la punta en la entrada de su culo. María se giró a mirarle. Y Alaric abrió la boca jadeando. Empezó a hacer fuerza y María volvió a mirar a la mesa y a apretar los ojos. ¡Joder! Cómo dolía. Alaric fue haciendo fuerza. Le costaba, María estaba muy muy prieta.

– Relájate niña – María entonces metió su mano bajo su cuerpo y empezó a masturbarse – No te corras María, no hasta que te haya follado el culo – María respiró hondo y se relajó por completo y Alaric lo sintió porque de una sola estacada la penetró y ella gritó. El gritó también. La tenía toda dentro. Y la mantuvo quieta unos segundos. Le dio una cachetada y María volvió a gritar. Alaric la sacó un poco y volvió a metérsela lentamente. Y María gritó de nuevo.

– Ahora… ahora tócate y muévete para mi. Te estoy follando el culo preciosa. ¿Te gusta? – María le dijo que sí y Alaric empezó a reírse.

En cuatro movimientos María se corrió entre gritos de placer y dolor y Alaric la llenó por dentro dos embestidas después. La agarró de las caderas y la apretó fuerte contra él. María se quedó exhausta apoyada en la mesa.

– Sacarla es lo peor. Respira hondo – María contuvo el aire y Alaric la sacó de dentro haciendo que María volviera a gritar. María se incorporó y se giró a mirarle. Le miró la polla a Alaric que aun la tenía bien dura y este le sonrió.

– ¿De que te ríes ahora? – Le preguntó ella mientras recuperaba el aliento.

– De tu cara cuando me la has visto aún dura… Eres insaciable – María se mordió el labio.

– Me lo dicen mucho – Alaric soltó una carcajada, la agarró de las axilas y la sentó en la encimera que tenían detrás.

– Abre las piernas – Se agarró la polla con las manos y se la metió a María entre las piernas y se la folló duro y fuerte hasta que se corrió y entonces la besó delicadamente. Como si fuesen dos personas distintas – Ahora chúpamela.

Alaric se sentó en el sofá y María se puso de rodillas y se la chupó durante un buen rato como ella sabía hacer. Alaric se corrió en su boca entre jadeos y María se lo tragó todo como solía hacer.

– ¿Aun quiere mas? – Le preguntó él. Y ella sin decir nada se subió a horcajadas encima de él y se la introdujo poco a poco. La dejó dentro mientras ella se movía lentamente haciendo pequeños círculos esperando a que se le pusiera otra vez bien dura – Vas a matarme – Le dijo entre risas.

Cuando la sintió bien dura, tanto que se le clavaba en lo más hondo de sus ser, empezó a moverse mientras Alaric le pellizcaba los pezones y así acabó ella corriéndose de nuevo y él disfrutando mucho viéndola y sintiéndola. Al final María acabó rendida en el pecho de Alaric. Este miró el reloj. Llevaban más de dos horas follando.

– ¿Hoy no vas a trabajar? – Le preguntó. Ella se incorporó y le miró.

– Hoy me han dado fiesta por una limpieza en la oficina.

– Estaba pensando que podría venir todos los martes a verte – María ladeo la cabeza y Alaric la agarró del culo y la apretó hacia él – Bluma y Ebba se van todos los martes a esquiar.

– Pero… – Alaric le puso un dedo en los labios y la hizo callar.

– Piénsatelo. Tú aquí estás sola y yo los martes estoy solo – se mordió el labio – Y nos lo hemos pasado bien.

– Estás casado.

– Si, con dos preciosas mujeres a las que amo más que a mi vida María. Pero esto solo es sexo. ¿Que te crees que mis mujeres cuando van a esquiar quizá no se acuesten con algún atractivo hombre que conozcan allí? – María no supo qué decir – No nos contamos estas cosas, pero tampoco nos las prohibimos.

– Yo tengo que trabajar los martes….

– ¿Sales a las 4 no? – Dijo sonriendo. María le dijo que si con la cabeza – Tenemos tiempo de sobras. Ellas no vuelven a casa hasta pasadas las 9. ¿Los martes entonces?

– Los martes – Alaric la besó en los labios y se levantó echándola a un lado.

(Trozo sacado del tercer libro “En la cama de María”)

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Sin amor

Encontré la resina de cada lamento que me suponía quererte en cada uno de los gemidos que salían de tu boca cuando te corrías.

Descubrí las mentiras de cada promesa incumplida detrás de cada lamento y lágrima derramada.

Lamenté con cada poro de mi ser haber dejado de quererme a mi para quererte mas a ti y por eso ahora…

Ahora, con la libertad en mis manos, en mis pies y en mis senos. Con la certeza de que el mañana es mejor que el ayer y que el presente es lo que me importa… vivo.

Vivo por mi. Por liberar mis cadenas, esas que yo misma me impuse al quererte. Esas que yo misma me quitaré al dejarte.

Adiós… amor de mi vida. Si eso eres… prefiero vivir la vida sin amor.

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La espera…

Ella, cogió el mechón de su pelo que quedaba suelto y lo enrolló en su dedo. Jugó con el un rato. Estaba nerviosa. No cabía duda. La próxima era ella. ¿Quién la había mandado meterse ahí? ¡joder! Que nerviosa estaba. El tica tac del reloj que colgaba en la pared la estaba poniendo frenética. “tic, tac, tic, tac” no paraba de escucharlo. Y el tiempo, que parecía no avanzar nada. El corazón le retumbaba como los tambores de Jumanji ¡Que angustia!

  • ¿Mila? ¿Mila Hernandez?
  • Yo – Respondió mas efusivamente de lo que había querido.

Vale, era su turno. Ya no había vuelta atrás, solo tenía que levantarse y empezar a andar detrás de esa mujer que la acaba de llamar. ¡Tú puedes Mila! La siguió por los pasillos que a ella le parecieron eternos hasta llegar a una fría puerta de color azul pálido. Y la abrió.

  • Espera dentro unos minutos.

Mila entró. Había una mesa, tres sillas, y en una sentó. Dejó la chaqueta y el bolso en otro y se llevó las manos a las rodillas. ¡Vale! ¡Aquí estoy! Y una puerta se abrió… La respiración se le cortó. Había llegado el momento. Cerró los ojos un segundo, solo para abrirlos con fuerza, y ahí estaba, lo que tanto había estado esperando. El corazón se perdió un latido para empezar a latir con normalidad y la respiración cogió fuerte aire para recuperar todo ese aliento perdido.

Toda la espera había valido la pena.

  • Hirosaki

    Pero… pero… y qué más??? cliffhanger cruel e inesperado oiga!

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