
“Darle un toque de picardia a una vida sentimental llena de colores extremados que llegan a cegarte los ojos sin siquiera poder ver que es lo que te rodea no es tan fácil como narran las diferentes novelas que leí en mi adolescencia. Hoy me encuentro en un laberinto de sensaciones, con los ojos vendados, sentada en el borde de la piscina, sintiendo el olor a cloro y la humedad del agua en mis pies. Es triste. Siento millones de sentimientos dentro de mi que no puedo expresar. Estoy húmeda en partes de mi cuerpo que me excitan. Pienso en tocarme pero … ¿que cambiaría eso? sola se que puedo llegar al climax. Darle un toque de picardia. Joder, como si fuera tan fácil. Es extremadamente difícil y egoísta tan solo pensarlo. Correrse, gemir, gritar, arañar. “
Daniela era una chica de armas tomar, pero con pocas iniciativas. Con la cabeza metida en mil sitios a la vez sin saber salir de alguna de ellas. Se pasaba horas dejando volar su excitada imaginación. Pensativa y a expectativas de algo que igual jamás sucedería. Para entonces tenía 14 años. Era virgen en el sentido cerrado de la expresión. Jamás había estado con un chico. Pero si se había dedicado a probar la capacidad de su vagina con infinitos objetos y de formas variadas. Le daba placer, pero no el que buscaba. Y aunque su material variaba, siempre tenía la misma fantasía en la cabeza. Un hombre, de unos 40 años,moreno, ojos oscuros, grandes músculos. Su nombre era Paco, y era el padre de su amiga Isabel.
Tras tres años de placer en solitario… Eran las 2 de la mañana, llegaba de una fiesta a la que sus padres no sabían que había ido. En el ascensor, subiendo al piso 12. Iba un poco colocada. Todabía no había llegado a su piso cuando el ascensor se paró. “Mierda si que voy ciega, se me ha pasado volando”- Pensó. Subió un hombre, unos treinta y pocos quizá.
- No es muy tarde para que una chiquilla como tu esté en un lugar como este en tu estado.- Le dijo el hombre.
- Tarde es según lo mires, el lugar es mi casa, así que si que es el adecuado, y mi estado puede hacerte mucho bien a ti.- Añadió Daniela con una sonrisa picarona.
- ¿Vives aquí? No te recuerdo.
- Eso es porque no sabes mirar.- Le dijo mientras dirigía su mano hacía el pulsador de Stop que haría parar el ascensor en seco.
Daniela ya estaba húmeda, y a él se le notaba con una erección difícil de disimular.
” Entonces no conseguí superar la crisis del escritor, me estanque, pensé en lanzarme al agua para calmar mi calor. Pero me fui hacía mi cama, mi marido dormía. me tumbe caliente, húmeda, excitada, a su lado. Se lo hice saber. Es difícil poner picardía en una relación ya estancada. “
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