El día fue pasando sin sorpresas. Cenamos y después de charlar un rato con Mirian nos fuimos a la cama.

Mirian había preparado un colchón de matrimonio tirado en el suelo, en la que sería la habitación de David, su hijo, cuando este creciera.

Estaba llena de muñecos que sin duda yo reconocía de la habitación de Mirian de casa de sus padres. Uno de ellos me aterrorizaba. Llamé a Mirian corriendo y me lo sacó como siempre lo hacía.

Juan debería de estar flipando.

-          Con vaya niñata me meto ahora en la cama- debió pensar.

Me puse el pijama, bueno el biquini, y no me lo saqué porque Juan compartía cama conmigo. El calor era sofocante y no tenía ningún abanico a mano.

Juan y yo nos tumbamos en ese colchón mirando a ese techo, observando la luz que entraba por la ventana totalmente abierta, a esperanza de que el más mínimo viento entrara.

Estuvimos hablando, susurrando lo más flojo que se podía, pues las puertas de esa casa eran de madera con ventanitas en la parte de arriba y tanto en la nuestra como en la de habitación de Mirian, faltaba una ventanita, así que era fácil que nos oyera.

Recuerdo aún con risa cuando Mirian vino y puso una cortinilla en la ventanita, diciendo y quedándose mas tranquila,- así tendréis intimidad-.

Yo le había contado a Mirian el tiempo que hacía que conocía a Juan y todos nuestros pasos, pero aun así ella sabía que la noche acabaría en sexo y bromeaba con ello.

-          Quien se levante primero al baño es que esta noche a tenido tema- me decía.

-          Seré yo, pero porque meo mucho.

-          Ya bueno, eso ya lo veremos.

Así que mientras la noche pasaba y yo seguía hablando con Juan, no me atreví ni a pensar en el baño para que no me entrara pipi y confundir a Mirian con sus suposiciones.

Ella dormía, esa noche, con Juan ( otro Juan eh? No os penséis, jaja) su nuevo novio.

Empecé a contarle a Juan, mi Juan todos aquellos sucesos extraños que me habían pasado en mis estancias en Sevilla. Es que parece que Villanueva del rio y Minas esté encantado.

Así que, a pesar de él decirme no creer en nada de eso, le metí miedo.

Me gusta pasar miedo, aunque en realidad lo pasó fatal, así que intenté asustarle y lo conseguí. Acabamos los dos bajo las sabanas acurrucados a más no poder y él cogiéndome fuerte a modo de cuchara.

Tras varios segundos bajo las sabanas, ya sin poder respirara nos armamos de valor y volvimos a la posición inicial. Los dos bocarriba mirando el techo.

Y de pronto me tocó.

Su mano empezó a acariciar mi pierna, desde la rodilla subiendo poco a poco.

Me excitaba, para que mentir, pero no quería eso allí y menos en ese momento.

Juro que lo intenté, intenté pararle la mano, pero mi cerebro no respondía y a cambió dejo ir una risita y un

-          ¿a qué viene esto?-

-          ¿Por qué? ¿No quieres?- me dijo.

-          No es que no quiera, pero…

Ya está, ahora mi cerebro no dejaba que mi boca hablara. Maldito sea. Pero me gustaba.

Aunque su mano subía y bajaba por mi pierna yo empecé a humedecerme.

Y bueno, una cosa llevó a la otra y la otra a otra más y así acabamos los dos exhaustos, tumbados de nuevo en la posición inicial, riéndonos por lo que Mirian podía haber oído y por cómo podíamos ir al baño sin que ella se enterara.

Aunque era de tontos disimular, sabía que por la mañana ella me lo adivinaría en la cara.

Como el cansancio nos pudo, nos quedamos dormidos, el uno junto al otro. Y sin saber que ese sería el principio de un cuento.

Cuando desperté el ya estaba despierto, aunque seguía tumbado en la cama, quizá mirándome. Fuimos al salón y allí desayunamos algo. Eran sobre las 11 de la mañana.

Mirian fregaba los platos en la cocina y cuando fui a llevarle platos que fregar me sonrió, le sonreí y no hizo falta decirnos más.

No puedo decir bien bien como me encontraba, pero era una mezcla de miedo, alegría, sentimiento y con mariposas en la boca del estomago.

No sabía cómo se lo estaría tomando todo eso Juan, pero para mí no fue tan solo un polvo. Yo quería mas y siempre con él.

Puede que me estuviera enamorando, lo sé,  y que si seguía y no acababa bien podía hacerme mucho daño. Pero quise disfrutar el momento y con una gran sonrisa le hablé.

-          Ayer Mirian nos oyó- le dije.

Se sonrojó.

-          Estas preciosa- me dijo.

Me sonrojé.

Y así sonrojados los dos, nos miramos y sin más que decir nos pusimos a jugar con David.

Mi abuela Encarna no se asombró al verme aparecer pues le costó reconocerme al verme entrar sin hablar, la pobre casi ni ve. Pero la voz de una nieta es inconfundible para una abuela, su única nieta ,ya que todos són nietos. Ganas de llorar no me faltaban, pero aguanté. Mi tío Jesús que ahora vive allí para cuidarla también se alegró. Juan parecía sentirse cómodo.

Los padres de Mirian, mi gran amiga de allí, tampoco dude en visitarlos. Viven a escasos 50 metros de mi abuela.

Villanueva del rio y minas es un pueblo pequeño, pero más pequeño es Villanueva del rio, el pueblo de mi padre. Antes eran un solo pueblo, así que ya os podéis imaginar lo cerca que están el uno del otro.

Cogimos el coche de nuevo y fui a ver  a mi padre. Su bar estaba cerrado.

Solo hay 3 bares en ese pueblo, uno de mi tío May, otro de mi padre y otro de quien sabe quién.

Aproveché para ver a mi abuela María y a mi tía Luisa que vive con ella. María es la alegría del pueblo.

Un pueblo con quizás, si llega a 500 habitantes. Donde el videoclub es el comedor de una señora.

El bar de mi tío estaba abierto y me fui hacia allí. La alegría de su cara era inconfundible e inevitable que te la pegara. Sonreí y Juan precia feliz.

-          ¿Está contento por verme feliz?- me pregunté.

Más tarde supe que así era.

Gastamos una broma a mi padre.

May, mi tio, llamó  a mi padre, simulando un problema diciéndole que ahora iba para su casa para hablar con él.

Aparecí yo. Lloró, y casi lo hago con él. Tuve que hacer muchos esfuerzos. Porque reconozco que me da un poco de vergüenza llorar delante de la gente.

También estaba mi tío Pedro.

Mi padre tenía que iniciar su rutina de trabajo así que nos fuimos en busca de mi amiga Mirian para que nos dejara un sitio donde dormir.

Mientras íbamos hacía Villanueva del rio y minas, donde vive Mirian le pregunté  a Juan si estaba cómodo con todo esto. Me sonrió.

-          Solo con verte feliz me basta.

El calor era sofocante, pero cómodo para mí. Juan estaba más intranquilo.

Estábamos cansados, queríamos ducharnos y echarnos a dormir. Queríamos tumbarnos en una cama y descansar.

Pero me moría de ganas de seguir con él. Seguir mirándolo, seguir hablándole y sabiendo cosas de él.

Así que una vez en casa de Mirian y que ella, como mama que parece, nos preparara la habitación, nos duchamos y seguimos hablando y jugando con David, el hijo de Mirian.

La emoción que sentía dentro de mí era incontrolable y no me dejaba apartar ni un solo momento esa gran sonrisa de mí.

-          Me encanta cuando sonríes- me dijo Juan.

Y además de sonreír me sonrojé.

Los dos, tirados en el sofá de casa de Mirian, con el bañador puesto y hablando sin parar.

Mirian en ese momento tenía problemas para pagar la casa, así que le cortaron la luz. Juan estaba incomunicado, sin internet, ni ordenador, ni móvil, ya que la batería estaba agotada.

Me sentía realmente mal al haberle llevado a ese lugar con esas situaciones.

No podía parar de pensar en lo que se debía de estar arrepintiendo de haberme llevado allí, y de lo mal que lo estaba pasando.

-          Dios mío, me odia- pensé.

La he cagado. Teníamos una bonita amistad que quizás podía haber llegado a mas, y lo he perdido- no paraba de repetirme.

Yo estaba acostumbrada a esas condiciones de vida. En ese pueblo no se puede pedir a veces más.

Calles sin señales, establecimientos cerrados la mayoría del tiempo, bares pequeños, calor sofocante. Un lugar donde el mayor pasatiempo en verano es abanicarte hasta ver esconderse el sol.

Tenía miedo y él a momentos parecía triste, pensativo.

Quería volver atrás y nunca haber aceptado ese viaje.

Hubo un error o algo se hizo mal en el momento de publicar el post.

No sé si recordaréis o conoceréis (esto para los que me habéis conocido hace poco) un blog llamado elabismo.es, este era el blog de Juan cuando le conocí en 2009, la verdad es que ahora mismo no sé desde cuando tenía él este blog, y luego pasó a ser de los dos. Hasta que se dio cuenta de que yo necesitaba mi propio blog, que es este.

No obstante, aunque dejamos de escribir, nunca nos hemos desecho de él, pues ahí está nuestra historia del comienzo, nuestros recuerdos, nuestro principio.

En fin, yo lo que quería decir, a parte de que cuando queráis podéis entrar en elabismo.es ya que encontraréis mucho escritos míos y de Juan que probablemente nunca hayáis leído, quería decir que el 1 de Agosto de este año, 2011, un año muy importante en nuestras vidas pues creamos a Carla y nació Carla, Juan quiso darme una sorpresa que jamás se llegó a publicar. No se si fue por un error o qué.

Yo a demás lo vi semanas después, y porque el me lo enseñó… Hoy entrando en el blog para recordar algunos momentos, he visto que estando loggeada con mi cuenta, si era posible ver ese post…y quería compartirlo con vosotros.

Gracias atrasadas por ese detalle/regalo amor. Te quiero.