Ella -Capítulo 12-
Y así fueron pasando los días y las noches. Noches de pasión y amor y días de risas, juegos, miradas y paseos. Me dediqué a enseñarle cada rincón de mi pueblo. Quizá no le importaba nada, pero yo disfrutaba con ello.
Al final, el tenía que volver al trabajo y decidimos iniciar nuestro viaje de vuelta a casa. Me llevó de nuevo de recorrido por todos mis familiares, que no son pocos, para despedirme, como siempre, hasta el año siguiente…y con la almohada en el coche, la ropa y todos esos recuerdos de nuestro primer viaje, encendió el coche y empezamos a conducir. Esta vez empezamos el viaje de noche, sobre las 9, para no pasar tanta calor en el viaje.
Del viaje de vuelta recuerdo las sonrisas, las fotos, las miradas, las palabras. Palabras tiernas e incluso besos. Me alegró averiguar que al menos, no fue solo en el viaje, aunque el viaje seguía…ya estábamos dentro de Cataluña cuando me volvió a besar, por lo que…ya no estábamos de viaje jeje.
Cuando aun estábamos en zaragoza, que yo ya llevaba desde Madrid durmiendo, por lo menos, él paró a dormir. Y justo me desperté…pobre, porque no le dejé dormir. Paramos a comer. Bocadillo de tortilla. Él se quejaba de que tenía sueño, pero yo no quería dormir ahí a la vista de cualquiera, así que seguimos nuestro camino.
Me dejó llevar su coche, después de insistir mucho para que él pudiera descansar. Pero a la media hora tuve que devolverselo, el muy tonto no durmió nada. Estaba mas pendiente de lo que hacía con su coche que de otra cosa. Aunque hoy me reconoce que conduzco genial y que estaba despierto por incomodidad de dormir en el coche.
Y al fina, ya sobre las 12 del mediodía llegamos a casa, a mi casa. Entré y él me ayudó a llevar la mochila y la almohada. Mi madre me recibió.
- Hola mama, me muero de sueño…ah!! Él es Juan, el chico con el que me he ido de viaje.
Juan estaba muy rojo y con unas ojeras que le llegaban al suelo.
En mi habitación le sonreí, me dio un pequeño beso y se fue, no sin antes decirme que luego charlábamos.
A mi el corazón me latía a 200 por hora. Notaba la sangre recorrer todo mi cuerpo con mas fuerza que nunca. Se iba… y ya lo echaba de menos.
Durante el viaje él me contó que el día siguiente sus padres se iban de vacaciones 15 días y que tenía la casa para él solo. Me dijo si quería pasar unos días allí con él. Y por supuestisimo no me negué.
Yo no dormí. Quedé con mi amigo Ángel para contarle todo con TODO detalle. Él si dormía. Pobre.
No sin antes enviarme un mensaje. “Te echo de menos”