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Iniciación a la sumisión

Helena por fin se había armado de valor. Ya habían sido varias veces las que había viajado a Madrid por trabajo, pero solo esa noche tras una reunión importante en la que además se había aburrido mucho, se había atrevido a escribirle.

* Casualmente estoy por tu barrio ;P * Helena 21.35h

* Calle de Sarria num 27. Te espero pequeña* Fran 21.36h

Helena se puso muy nerviosa. Había parado el coche en una zona de carga y descarga cuando le había escrito el mensaje y aunque no esperaba que le contestase tan deprisa, lo había hecho. Eso era el destino, pensó. Se armó de valor, puso la dirección en el GPS de su móvil y con la valentía puesta a punto se quitó las medias y las bragas que llevaba puestas. Quería sorprenderlo. Habían hablado por más de un año por skype y whatsapp tras conocerse a través de una cuenta de Tinder de una amiga suya y ella se había mostrado como una chica decidida, aunque no lo era en absoluto. O al menos no muy a menudo. Y condujo hasta el lugar. Buscó aparcamiento. Era una calle bastante concurrida y no había ni un sitio libre. Así que tras veinte minutos, cuando estaba a punto de tirar la toalla, él apareció como por arte de magia en el paso de peatones de enfrente de su portal. Lo reconoció al instante. Se habían visto en varias fotos e incluso en videoconferencia. Ella frenó en seco y él se acercó a su ventanilla.

– Hola pequeña. ¿Me dejas? – Helena se quedó embobada y por absurdo que parezca solo de haberle visto y de recordar todo lo que habían dicho que se harían en cuanto se vieran, había empezado a humedecerse y temió mojar el asiento del coche. Helena se abrió del coche y le cedió a él su lugar, ella se sentó donde el copiloto. Fran dio un par de vueltas y enseguida encontró un sitio y aparcó.

Helena no dejó de mirarle en todo el rato. Estaba muy nerviosa y empezaba a pensar que todo esto había sido una equivocación. Paró el coche y se bajó y ella hizo lo mismo. Cerró el coche y luego le dio las llaves a ella.

– Vivo ahí mismo. Vamos – él le tendió la mano para que ella se la cogiera pero ella no lo hizo. Y él simplemente sonrió. Llegaron al portal y antes de entrar miró hacia dentro. Si entraba ya no había vuelta atrás. ¿Podía hacerlo? Lo hizo. Entraron al ascensor. Fran la observaba y sonreía. Era mucho más guapa en persona aunque ella siempre se había empeñado en decirle que era del montón y que tenía mil defectos. Culpa de su marido, pensó, que no la valora nada y ha dejado de quererse.

Metió la llave en su piso y nada más entrar él cerró la puerta y la empotró contra ella. Helena que no se lo esperaba primero se asustó. Cogió sus manos y las llevó encima de su cabeza cogiéndolas fuerte por la muñeca. Ella le miró y con una rodilla le abrió un poco las piernas. Como él era mucho más alto tuvo que encorvarse para pegar su boca a la de ella.

– ¿Te acuerdas de que te dije que en cuanto te viera iba a besarte? – Ella le dijo que si con la cabeza – Pues voy a hacerlo pequeña – Y pegó su boca a la de ella para darle un beso cálido, largo y muy juguetón. Ella estaba muy nerviosa pero con ese beso sus ganas de quedarse aumentaron. Dejó de besarla, la soltó y se apartó de ella mientras caminaba hacia el salón por un pequeño pasillo.

– Desnúdate pequeña – ella se quedó parada con la espalda aun pegada a la pared. No sabía qué hacer. No quería desnudarse. No iba a hacerlo. Él desapareció por una puerta. Lo espero unos segundos y al ver que no aparecía decidió avanzar hasta dónde él estaba. Él al verla y ver que seguía vestida no dijo nada. Poco a poco, pensó. Estaba en el comedor y se había sentado en un sillón amplio. Helena le miró con la chaqueta aun puesta – Ven aquí – Su pecho subía y bajaba – Puedes irte cuando quieras, pero si quieres quedarte haz lo que te pido y ven aquí – Señaló su regazo. Le estaba pidiendo que subiera encima de él.

Avanzó unos pasos hasta quedar enfrente de él y se quitó la chaqueta cayendo esta al suelo. Fran la miró, la agarró de la cintura y la atrajo hacia él. Helena abrió un poco las piernas y se sentó encima de él, sin apretar su cuerpo contra el suyo, para no sentir su polla y no mojarle con sus fluidos ya que no llevaba bragas.

– Así mejor. ¿Ves? No ha sido tan difícil- Llevó sus manos hasta sus rodillas y empezó a moverlas lentamente de arriba abajo llegando hasta la cara interna de sus muslos, sin llegar a  tocarla. Helena estaba ya muy caliente y notaba como cada vez estaba mas y mas mojada y se mordió el labio – Estás muy nerviosa, relájate – Le dijo al sentir como temblaba.

– Me he quitado las bragas para ti – Nada más decirlo Fran sonrió y llevó su mano hasta su entrepierna. Helena dio un pequeño brinco al sentirla y Fran al ver lo mojada que estaba abrió mucho los ojos.

– Estás empapada pequeña – Ella abrió la boca y gimió flojito y él le introdujo un dedo – Dime que quieres- Se quedó callada unos segundos sintiendo como jugaba dentro de ella con sus dedo.

– Quiero sentir tu polla entre mis piernas…. – Gimió – Y en mi boca- Nada más decir esto último a Fran se le puso mucho más dura de lo que la tenía ya. Sacó a Helena de encima de él y mientras se alejaba e iba hasta un armario le dijo que se desnudara. Pero Helena de nuevo no lo hizo. Fran la miró.

– Hazlo para mi – Ella se quedó quieta respirando agitadamente – Entonces él con una dildo en la mano muy grande de color azul se acercó a ella – ¿Que te preocupa?

– Mis pechos.

– Pues déjate el sujetador, el resto fuera, si no, no te follaré – Helena respiró hondo e hizo lo que le había pedido, él mientras se había ido a un rincón y había pegado con una ventosa el dildo en la pared  a una altura más bien baja. Helena no entendía nada. Puso un par de cojines en el suelo y la miró. Ya se había desnudado. Se notaba que estaba muy insegura. Él se acercó a ella y la besó de nuevo mientras con sus manos tocaba todo su cuerpo con mimo – Ves hasta esta esquina, ponte a cuatro patas y metete el dildo – Helena le miró sorprendido – No quiero tener que repetirlo todo dos veces. Hazlo o te vas – Ahora había sido más brusco y a pesar de todo eso le había gustado y la había encendido más. Lo hizo. Se puso a cuatro patas y con la ayuda de su mano se lo introdujo. Y gimió. Fran se despojó de sus pantalones y de sus calzoncillos y se tocó su fuerte, dura y gran polla mientras la miraba – Muévete para mi.

Helena se movió. Le gustaba. Ese dildo parecía de verdad. Su tacto era increíble y el tamaño exquisito. Empezó a gemir cada vez más fuerte y Fran entonces se sentó delante de ella con las piernas abiertas poniendo su polla muy cerca de su boca.

– Ahora chúpamela pequeña – Helena pegó un lametón al capullo y la polla de Fran dio una sacudida. Ella se mordió el labio. Estaba muy caliente y le apetecía mucho metérsela entera en la boca. Así que como puso soltó una mano del suelo, sujetó la polla por la base y se la llevó a la boca. Fran jadeo.

Helena no dejó de moverse en todo rato mientras lamía, chupaba y succionaba esa gran polla con maestría y de pronto Fran la paró.

– No quiero correrme aún pequeña. Lo has hecho muy bien. No dejes de moverte. Y abre un poco más las piernas – Hizo lo que le había dicho y él se coló por debajo hasta que su cara llegó hasta su clítoris, alargó la lengua y empezó a chupárselo. Helena gritó de placer y se retorció. Él la sujetó del culo y la apretó contra la pared para que la tuviera muy dentro mientras con su lengua jugaba con su clítoris – Haz círculos y córrete para mi.

Helena hizo lo que Fran le había dicho. Se movió con el dildo dentro y con su lengua jugando en sus partes y no tardó en estallar de placer. Fran entonces salió de debajo suya, se limpió la boca con la camiseta que aun llevaba puesta y se levantó.

– Sígueme – Helena lo hizo gimiendo una vez más al sentir como salía el dildo de dentro de ella. Fran al oírla se giró a mirarla – Y ahora quiero el sujetador fuera – Esta vez no se lo pensó y lo hizo. Se lo fue quitando mientras le seguía y lo dejó tirado en el suelo. Llegaron hasta una habitación. Allí él cogió de la mesita un preservativo se lo enseñó – Pónmelo.

– No sé hacerlo – Fran se rió.

– Ven aquí pequeña – Helena se acercó a él con las manos temblorosas y totalmente desnuda. Fran se había quitado también la camiseta – Ábrelo – Lo hizo – Colócalo en la punta – Lo hizo – Y ahora deslízalo hacia abajo lentamente, con cuidado- Se le daba fatal. Fran cogió sus manos, las apartó de su polla y acabó por colocarlo él – La próxima vez que nos veamos si no me sabes poner el preservativo no te follaré.

Fran acercó su boca a la de ella y la besó. Habían estado hablando tanto tiempo que le había cogido cariño y a pesar de que habían hablado de ser duros en su primer encuentro, le estaba costando mucho. Se la veía muy perdida, y nerviosa. La tumbó en la cama y se puso encima de ella.

– Llevo un año con ganas de follarte. No sabes cuanto te deseo pequeña – Se la introdujo poco a poco. Helena cerró los ojos y él en cambio no dejó de mirarla. Cuando la tuvo toda dentro se quedó quieto – Fuerte duro. Como a ti te gusta.

– Si… – Dijo ella.

Fran la estuvo embistiendo con fuerza y en varias posiciones durante más de media hora. Helena no paró de gritar en todo el rato y él de jadear. La pegó en un par de ocasiones en el culo e incluso le tiró del pelo. Helena no se quejó. Le gustaba. Y él disfrutaba como un niño.

– ¿Cuando volveré a verte? – Preguntó él desde la ventanilla del coche. Helena estaba  apunto de irse.

– Pronto. Volver a la rutina de sexo con mi marido va a ser insoportable.

– Tocate pensando en mi pequeña – Fran le dio un último beso y coló su mano en su entrepierna mientras lo hacía. Helena estaba totalmente mojada de nuevo. Fran dejó de besarla y la miró al sentir empapada su mano. Luego miró alrededor. Era de noche y sabía que esa calle era desierta. Así que abrió la puerta del asiento de atrás y se sentó. Helena le miró – Estás tan mojada que no puedo dejarte ir. Ven aquí y déjame follarte con un poco de amor ahora.

 

 

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