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El primer diente

abr-19-2012 By Belén Barroso Carreño

Es cierto cuando dicen que el tiempo vuela y que el bebé crece deprisa. Nos dicen que vivamos cada seudo con ellos porque enseguida crecen, corren, y ya se nos van de casa. Y que verdad. Yo recuerdo el parto como si anoche hubiera pasado y Carla ya tiene su primer diente. No se le ve, pero se le nota. Al pasar el dedo por su encía, esta raspa.

Hace tan solo un par de semanas que dijo su primera palabra “mama” y dos días después su segundo palabra “papa”, y ahora ya tenemos aquí el primer diente.

A demás ya se aguanta sentada, y aunque aun no sabe gatear, cuando la pongo boca abajo ya empieza a intentar levantarse e impulsarse. Si la llamas te busca y le encanta el iphone de mami y el Imac de papi. Tonta no es jejeje.

Y yo pensaba que ver su primer diente no me iba a hacer tanta ilusión, yo pensaba que esto de ser madre era algo mas que sucedía, que era un paso mas, pero para mi está siendo un regalo. Cualquier detalle me hace sonreír, y a cada gesto suyo me sorprendo.

Os adjunto foto de su encía rota para dar paso al diente. Está en su lado izquierdo abajo.

Posted in: Carla, Mi diario, Soy mamá
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Mi parto. Desde el punto de vista de Juan

mar-27-2012 By Belén Barroso Carreño

Las ganas de ver a Carla eran irresistibles, así que decidí que Belén tenía que andar. Había escuchado que caminar adelantaba el parto. No me importaba que el barrigón de Belén nos hiciese tardar una hora en recorrer tres kilómetros, lo importante era andar, andar mucho. No sé si fue eso, o el cambio de luna. Pero unos días antes de salir de cuentas, Belén empezó con contracciones de forma constante. Fuimos al hospital y como en alguna otra ocasión, me tocó esperar a que los médicos diesen el visto bueno a la situación. La sala de espera de los hospitales son, posiblemente, el peor lugar de la tierra. Un lugar en el que estás ahí más o menos obligado, que no tiene ni un mínimo de ocio. Muchos carteles con tetas fomentando la lactancia, pero ni una revista de coches, ni una tele, y lo peor de todo, en mi caso, sin cobertura de móvil.

Dos o tres horas después, falsa alarma. Carla está en camino, pero se lo toma con calma. Vuelta a casa, desvelado por la emoción del momento y triste por no tenerla en mis brazos. Así hasta tres veces! No hubiese pasado nada si Belén se pone de parto a una hora humana. El problema es que las contracciones fuertes le entraban por la noche, por lo que el hospital estaba muerto, yo estaba solo sin compañía, y como os dije antes, en el peor lugar de la tierra.

No me hacía falta la típica simulación de las películas para calcular el tiempo que se tarda en llegar al hospital, había hecho tantas veces el camino, que no habría problema en llegar en pocos minutos. Nuevamente en casa, Belén me agenció una libretita que le regalaron en un curso de Prenatal, y me obligó a apuntar todas y cada una de las contracciones que le venían. Me duele, me decía, y yo apuntaba.30 segundos me decía ella, tiempo que había durado la contracción, y yo volvía a apuntar. Llené un montón de hojas de la libreta.

Fue interesante ver como primero venían cada media hora, luego cada 20 minutos, luego 10, y luego cada muy muy poquito tiempo. Era la señal de que Carla quería asomar, y los nervios se iban haciendo cada vez más grandes. Nos dijeron que cuando las contracciones fuesen tan seguidas y en tan poco espacio de tiempo, volviésemos al hospital. Así que  volvimos a coger el coche. Sería otra falsa alarma?

Pero por fin llegó el momento. A la tercera va la vencida. La enfermera salió diciéndome que Carla nacería ese día, pero que aún quedaban unas horas. Yo sonreí, pero llegó la mala noticia. La enfermera empezó con una sonrisa, por la emoción de que iba a ser padre, y luego fue poniendose mas seria al explicarme que el hospital no tenía disponible ninguna cama, por lo que no nos podría atender. Soy una persona a la que no le cuesta mosquearse, y que no atendiesen a mi mujer, en pleno proceso de parto, era motivo suficiente para que yo le pegase un bocado en el ojo y lo escupiese allí mismo. Respiré. Me dejaron ver a Belén y decidimos que no había problema en cambiar de hospital. Así que después de un par de alternativas, finalmente nos quedamos con el hospital de Mollet.

Como el inicio del parto iba para largo, antes de ir al hospital decidimos ir a casa. En casa, con mucho sueño por los tres días de no dormir acumulados, empezó a entrarme el agotamiento. Así que mientras Belén se duchaba, con todo el dolor del mundo, yo alternaba parpadeos entre sueños y estar pendiente de ella. ¿Podría haber sido un novio perfecto y hacerle compañía? Sí, pero estaba cansado. Así que fui un novio normal, del montón.

Cuando salió de la ducha intentó descansar, pero no fue posible, así que cogimos la maleta de Carla y salimos pitando para el hospital de Mollet.

Una vez allí el proceso fue muy rápido y extraño. Mientras examinaban a Belén, a mí me hicieron ir a rellenar los documentos de ingreso y casi sin darme cuenta, estaba con una capa de ropa verde encima de mi ropa normal. No sería la misma ropa con la que Carla me vería por primera vez, pero sí igual de cutre. Tocar timbre, abrir puerta, cruzar pasillo, abrir puerta y allí estaba Belén. Con cara de alucinada por la sala de dilatación que le había tocado. Ya habíamos estado en la sala de dilatación del hospital de Granollers, un poco fea pero normal. Pero comparada con la sala de dilatación de Mollet, la de Granollers no era más que un zulo donde los militares esconden a sus rehenes. Una pasada, y para ella sola! Ya he roto aguas me dijo, y yo me puse nervioso.

Había bañera hidromasaje, baño individual con ducha, vasos para agua fresquita y lo mejor, un sofá increíblemente cómodo para el acompañante.

A Belén la habían monitorizado y en pantalla salían las constantes de Carla, con líneas que dibujaban el ritmo del corazón. Apenas dejé de mirar el corazoncito de Carla latir. Si estuvimos siete horas en la sala de dilatación, seis horas y media las pasé mirando a Carla. La media hora restante la pasé intentando buscar cobertura. El lugar era muy chulo, pero el tema de la cobertura en los hospitales no está muy avanzado.

Llegó la hora de la epidural. A Belén le dolían mucho las contracciones, así que no aguantó más y la pidió. A mí me hicieron salir de la sala, así que me fui a comer un bocadillo. Cuando salí la familia ya estaba esperando, con una sonrisa, como esperando a que la niña ya hubiese nacido. Tengo hambre papa, dije, y fuimos a por un bocata mientras ponía a todo el mundo al corriente de lo que estaba pasando.

Cuando me comí el bocata volví para estar con Belén. Hicimos un intento de que la madre de Belén pudiese estar un rato con ella, pero la comadrona nos pilló y la echaron del área de maternidad. Se tuvo que conformar con un saludo rápido desde la puerta. Belén ya tenía la epidural puesta, por lo que casi no se dio ni cuenta, estaba un poco zombi, como drogada.

Se supone que eso debía calmarle cualquier dolor que tuviese. Pero ella seguía quejándose de que no le había hecho efecto en todo el cuerpo, así que durante una o dos horas insistimos de forma constante al anestesista para que arreglase el tema del dolor. El anestesista cedió y le subió la cantidad de anestesia, pero seguía sin ser suficiente. Belén estaba con un chute importante, pero con dolor.

La suerte que tuvimos, es que todo el mundo estaba muy pendiente de nosotros, así que aunque con dolor, la sensación que teníamos era de tranquilidad. Yo tenía tranquilidad y un sueño importante, prácticamente había dormido nada en las 72 horas anteriores, y aún quedaba rato para que la cabezona decidiese salir.

El anestesista volvió, una tercera vez, para solucionar el pequeño problema de Belén con la anestesia, así que sacó la vía que tenía y se la puso de nuevo. En total tres chutes. Este último fue muy efectivo, desapareció cualquier mínimo dolor, pero dejó a Belén muy muy ida. La gran cantidad de anestesia le sentó como una patada en el culo, así que a medida que entraba en su cuerpo, ella vomitaba el excedente. Nunca Belén ha vomitado delante de nadie, hasta ese día. Aunque no era vómito, era anestesia. Anestesia por la boca, ¿os imagináis? debía saber asquerosamente mal.

Como digo, desapareció el dolor y lo mejor de todo es que Belén ya había dilatado suficiente como para que nos trasladasen al paritorio. Se la llevaron en camilla y a mí me tocó ponerme otra ropa igual de fea, también verde. Si la sala de dilatación era alucinante, el paritorio era como el interior de un platillo volante.

Belén, ni corta ni perezosa preguntó: ¿Puedo dormir el rato hasta el parto? Así que le apagaron las luces y ella consiguió dormir un poquito. Yo en cambio tenía los ojos como platos, emocionado, así que mi tanda de sueño tendría que esperar. A la hora, más o menos, volvió la comadrona. Eran las tres y algo y Carla ya estaba lista para darnos las buenas tardes. Nos colocamos todos en nuestros puestos, y sin saber qué teníamos que hacer ni Belén ni yo, nos decidimos a empujar. Sí, yo también! Aunque lo mío era mental. Di la mano a Belén y contamos, una, dos y tres, aprieta! Y apretaba. Repite, Una dos y tres, aprieta! Y apretaba. Vale descansa, dijo la comadrona. A mí me enseño que Carla ya asomaba. no demasiado, pero ya se le podía ver la cabecita. Llena de pelo oscuro. Mi niña será morena, pensé. La comadrona volvió a ausentarse un rato y yo no dejaba de mirar la coronilla de mi hija. Pensé que todo aquello estaría mucho más abierto, pero no era prácticamente nada del otro mundo. Por ahí no cabe, pensé.

¿Cómo respirará la niña? ¿Por qué no la sacan ya? Un montón de preguntas que me venían a la cabeza mientras la comadrona estaba fuera. Belén continuaba un poco zombi con todo el tema de la anestesia, pero estaba realmente guapa. Pocas veces me he emocionado tanto como ese día. Belén estaba preciosa y mi pequeña estaba a puntito de salir, el día perfecto.

La comadrona volvió, esta vez con la enfermera, se prepararon y dijeron que era hora de dar los últimos empujones. Volvimos a situarnos en nuestras posiciones y comenzó el proceso de nuevo. Belén me apretaba la mano, lo estaba haciendo realmente bien, y yo se lo decía para animarla. Si el parto fuese hoy, la cosa cambiaría mucho, porque con tan sólo dos empujones, la comadrona decidió hacerle la epistomía, para facilitar el trabajo. Algo que de yo ser consciente no le hubiese permitido. No con tan pocos empujones. Aunque en ese momento no estaba yo muy al corriente, y de hecho, ni siquiera preguntó. Sin darnos ni cuenta, la comadrona estaba con las tijeras en la mano cortando a su gusto. En esas milésimas de segundo, también entró el anestesista, que quiso preguntar qué tal lo llevábamos y echar una mano en el parto. Se colocó a un lado, yo al otro de Belén, la comadrona ahora con las manos en la cabeza de Carla, nos pidió que apretásemos y el anestesista apretó la tripa de Belén simultáneamente. Una cámara de slow motion hubiese grabado a la perfección como Carla volaba del interior de mami hacia las manos de la comadrona. Prometido, visto y no visto. En un único empujón salió disparada.

Tengo la suerte de que soy bastante rápido de reflejos y pude ver desde el segundo cero la carita de mi pequeña. Hice un análisis casi inmediato. Dedito de los pies, de las manos, carita, orejas, culete, todo. Ella se movía, aunque no lloraba. No salió moradita, ni sucia. Salió perfecta. Preciosa, como es ahora pero en versión mini. Un segundo miraba a Carla, otro segundo miraba a mami, así muchas veces. Pusieron a la peque encima del cuerpo desnudo de mami, para que entrase en calor, y yo aproveché para cotillear la guarrada de casa en la que vivía Carla hasta el momento de nacer. El saco es una de las cosas más feas que existen en el mundo. Lleno de sangre y enorme. Carla vivía cómoda, seguro. Belén dijo que la peque se le había hecho pis encima, y mientras la enfermera y yo nos reíamos, la comadrona aprovechó para cortar el cordón. No me enfadé porque no era algo que me hiciese especial ilusión, la verdad. Todo esto en cuestión de segundos.

Yo acariciaba a mis chicas y llegó el turno en que me tocaba cogerla por primera vez. La enfermera me la dio y me dijo que la acompañase a ponerle unos pinchazos y pesarla. Carla continuaba sin llorar, así que para obligarla un poquito la enfermera nos dijo que le tocásemos la espalda. Dicho y hecho, fue tocarle la espalda y la nena empezó a llorar. No le gusta nada nada que le toquen la espalda.

Yo continuaba con Carla en brazos mientras aseaban un poco a Belén y le ponían los puntos. Fue uno de esos momentos inolvidables. En ese momento el sueño ya no estaba presente. Sólo quería estar con mi hija y mi mujer. Yo le susurraba cositas a Carla al oído. Le decía que la quería y que era preciosa. También que tenía que ser una niña buena, que si salía mala le pegaría en el culo.

Y aunque yo no quería me la quitaron de los brazos. Volvieron a dársela a Belén y me hicieron separarme de ellas. Mientras subían a las chicas a su habitación a mí me tocaba cambiarme con mi ropa y salir a contar la noticia a la familia. Cuando salí dije: Es preciosa! y casi sin darme tiempo se fueron a toda prisa a la habitación para verlas. Yo tenía que hacer los papeleos de Carla, por lo que no pude ir a la habitación con mi hija, me tocó ir a administración y estar un rato allí.

Josep, el padrastro de Belén, me acompañó en el proceso y cuando ya teníamos dada de alta a Carla, fuimos a la habitación, a toda prisa, él aún no la había visto. Cuando llegamos resultó que no la habíamos visto ni nosotros, pero tampoco el resto de familiares. Carla estaba pasando su primera ITV.

Nos la trajeron y comenzó el aluvión de fotos. Compartimos algunas con amigos de internet y recibimos cientos de mensajes dándonos la enhorabuena. Carla no sólo era un bebé esperado por nosotros. Muchos amigos de internet también estaban deseando conocerla. Así que mostraron su apoyo nada más conocer la noticia.

La familia estaba enamorada de la pequeña. Aunque no podía abrir los ojitos, por una crema que le ponen, la niña era simpática desde el minuto cero. No os doy los detalles de peso, hora de nacimiento, etc, porque todo eso lo podéis encontrar en el post de Belén.

Así fue el proceso de parto. Aunque aún quedaban las 48 horas posteriores al nacimiento, que también pasamos en el hospital. Pero eso lo cuento otro día ;)

Posted in: Libreta, Soy mamá
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Feliz día del padre

mar-19-2012 By Belén Barroso Carreño

Hola Juan,

Este post va concretamente dedicado a ti. Sé que no eres el único padre al que tengo que felicitar y que hay millones de padres en el mundo orgullosos de serlo. Pero este año, es tu año.

Hace mas de un año estábamos tu y yo, en la cama, hablando, y dijimos que queríamos agrandar la familia, que teníamos mucho amor que dar. Y tan solo un mes después nos llegó esa gran noticia. Yo deseaba que fuera niña a pesar de que mas de la mitad de la familia me decía que sería niño… al final, fue niña… la niña de papá. Tu princesa. “Pobrecita lo que le espera jejeje”.

El año pasado por estas fechas estaba embarazada y te felicité por tu día, si, lo sé, no te hizo mucha ilusión. Cuando el bebé esta en la barriga es como que aun no te terminas de creer todo lo que está pasando. Pero hoy ya si, hoy es real.

¿Has visto tu niña hoy? ¿Está preciosa verdad?

Así que en este día tan especial, Carla y yo, queremos decirte “FELIZ DÍA DEL PAPI” “TE QUEREMOS MUCHO“

Posted in: Carla, Mi diario
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