Belén Barroso Menu

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Los hombres ya no regalan flores

¿Dónde se esconden?

¿Dónde han quedado esos hombres caballeroso? ¿Esos que corren bajo la lluvia  por su amada? ¿Los que cogen de la mano por la calle? ¿Los que besan en los labios… sin lengua?

Dicen estos “hombres” que las películas románticas han hecho mucho daño, que somos nosotras las que pedimos mas de lo que en realidad “se puede dar”. Vaya mentira y gorda que sacan por esa boca y se quedan tan panchos.

Señores míos, las películas solo demuestran una cruda y verdadera realidad de lo que antaño hubo, lo que se hacía, lo que es un hombre de verdad.

¿Dónde está mi ramo de flores después de una pelea? ¿Dónde está mi anillo de compromiso? ¿Dónde quedaron las palabras bonitas a la luz de la luna? ¿Y los atardeceres cogidos de las manos? ¿Qué fue de tu vocabulario?

Engaños, insultos, desconfianzas, … el amor ha superado la retórica de sus palabras.

Por favor mas sapos y menos ranas. Mas princesas y menos putas. Mas hechos y menos móvil.

Yo firmo, yo quiero un príncipe azul en mi vida. Yo quiero mis flores, mis paseos de la mano, mis atardeceres, mis noches en vela haciendo el amor…

¿Y tú que quieres?

(trozo de una novela en la que estoy trabajando)

  • asd

    Depronto si hay principes azules pero no del azul que ati te gusta, y otros caballeros han muerto en batalla

  • Patricia

    Hombres de verdad contaditos

  • •••
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El fin del acantilado…

“¿Pero que crees? Tu y yo no vamos a estar toda la vida juntos.  Si ya ni nos amamos, solo convivimos, y ya ni eso. Tu y yo no nos miramos, ni sonreímos.  Las caricias se han vuelto ásperas. Lo susurros gritos. Creo que no te quiero, ni me importas. Y yo a ti…tampoco. Nos equivocamos al intentar empezar algo que ya sabíamos que no era bueno. Tu vida, la mia…no pegan. Ni en la punta del acantilado nos cogeríamos las manos. Te dejaría caer, y me dejarías caer. Y en el fin yo no te recordaría. ¿Olvidarme es fácil verdad? Y a ella…no. Eso es amor, y lo demás solo fue un capricho, un juego, un absurdo camino que nunca debimos tomar.

Querer hacernos daños a todas horas nos avisa que ahora nos odiamos.”

Jason se despertó y en la almohada de Bianca había esta nota.

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El albornoz

Los vellos de su fina y blanca piel se iban erizando mas y mas a medida que el tiempo corría. El agua de la ducha ya caía. Se había dejado el horno encendido y desnuda corrió a pararlo. Las ventanas estaban abiertas de par en par. Ni se fijó. Puede que alguien en ese momento la viera, pero a ella no le importaba. Cuando volvió al baño, se sentó sobre el bidet, pensando si ducharse o no. Se había duchado ayer, y tampoco iba a hacer nada importante hoy. A demás el vivir sola y no tener pareja hace que no tengas que cuidarte tanto para estar por casa. El lavabo empezó a empañarse en vaho. Miró el albornoz que colgaba del perchero. Azul. El suyo se lo había llevado él. Ella tenía el de él.  Se querían. Pero se dejaron. Y quisieron recordarse. Finalmente decidió meterse en la ducha. Se quedo 15 minutos bajo el chorro de agua, con los ojos cerrados y las manos apoyadas en la pared. Pensando. Recordando. Llorando de tristeza aunque nadie lo sabría nunca, pues sus lágrimas se confundían con el agua que corría por su cuerpo.

Mientras tanto, Lucas, él, en la calle, con toda la ropa en el coche, pese a llevar un mes sin ella, sin vivir allí, sin compartir cama con ella. Pensaba. Recordaba. No lloraba, pero se entristecía. La amaba. Pero la dejó. Se marchó. Aún tenía llaves. No estaba muy lejos de allí. Bajo del coche y corrió. Sin llamar, sin avisar, sin ruido apenas. Entró. No dijo nada. Se desnudo.

Sofía seguía en la ducha. Sola.

Lucas entró al lavabo. Ella ni lo escuchó.

Él abrió la puerta de la ducha. Sofía se giró, se asusto, chillo. Lucas la abrazó. Se besaron.

Los minutos fueron pasando y ellos seguían bajo el agua, desnudos, abrazados.

Sofía salió de la ducha. Se tapo con la toalla. Le cedió el albornoz a él.

-          Coge tu albornoz y vete. Esta vez no quiero nada tuyo.

Y al rato, Sofía volvía a estar sola.

Relato de elabismo.es

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